viernes, 23 de noviembre de 2018

Afecto de quiebre

Si quieres algo de mí, ven... que estoy repartiendo los pedazos. Sufriré un poco, pero está decidido, tal vez por mí, o acaso por quien me sintió vulnerable y se aproximó, me convenció sin decir nada, pero vaya que me miró. Esa forma me  hizo sentir doblegada, sin saber si ese doblez fue previo o posterior a la escena del fulgor.
¿Qué parte te interesa? Todas están bien cortadas, fue un filo muy fino el que determinó la posición y el sabor de mis movimientos, de toda mi historia, fragmentada justo ahora. Sólo un montón de eventos que no significan nada.
Apretujada y desperdiciada, mi inspiración ha sido regada, toda mi esperanza arrebatada. Una y otra vez, mas te invoco de nuevo, lo ves. Delicioso suplicio tu ser, que es y no es, parte de mí pero no vuelve, no siempre regresa o no como se espera, porque a veces el mensaje no entregó mi dulce intención, e indiferente tu rostro se volvió, dejándome en desazón.
Puedo entregarte todo, pero entonces no quedará nada, sólo manchas y huellas en el fondo, del vacío el fondo. Y eso cansa, el dichoso se harta y no comprende, sino en retrospectiva, la felicidad dada, justo cuando ya se acaba.
Pero reitero, hoy reparto los pedazos, pues me encuentro desarmada y te extiendo, transeúnte, esta invitación e intento a mis miedos ignorar, porque se ponen a ladrar. Me ensordezco y me arriesgo, me dispongo a fracturar todo lo que quieras llevar, suspiro y espero que acaso tengas piedad, porque no hay vuelta atrás. Y mientras acercas tus manos ávidas y tiernas, yo me dejo llevar e intento observar claramente, como es que a veces se permite ese pesar, la pena de soltar algo que nunca volverá, sin saber si estuvo bien o mal. Pero qué más da, ya nada significa, por mucho que implique, lo que llamamos dignidad. En verdaderos encuentros, desaparecen esos conceptos. En verdaderos arranques se quiebra la moral, y entonces me puedo preocupar, pero me voy a quedar, porque de verdad disfruto, aunque a veces amarga, que mi vida sea tomada.

viernes, 26 de octubre de 2018

Al conocerte

Me encontraba en el quirófano, despierta, pero del procedimiento únicamente sentía jalones y una presión terrible, indescriptible, en el pecho, me ahogaba. Podía ver el techo y una tela azul colocada para que el paciente no vea lo que hacen con su cuerpo. Escuchaba la música de los médicos, relajante, divertida. Podía oler lo estéril de la habitación, no me molesta, conozco de hospitales.
La vivencia  pasaba tan presente, avasalladora, y, de pronto, oigo gorjeos; fijé mi atención preocupada: un llanto pleno. Sentí emoción y nerviosismo. En el pecho y el estómago un cosquilleo. Aceleró mi ritmo cardíaco. Aún me manipulaban el tronco. Ansiosa, ya ni siquiera sabía si estaba prestando más atención a lo que ocurría en mi cuerpo o a lo que escuchaba dentro de la habitación, buscaba recabar datos del medio para poder concluir: todo está bien.
Acercaron una cara nueva a mi costado, tan pequeña. Me paralicé. Miré rápidamente, en un segundo lento, tus ojos. Estuve perpleja, como si mi pulso se detuviera, mi respiración lo hizo, todo lo demás fue borroso, estábamos solas. Un nudo en la garganta, una lágrima.
Temblores y cosquillas. Ansiaba tomarte, pero tuve  que esperar, estaba recién cerrada. Desesperación. Amor y desesperación. Felicidad al conocerte.

14 de julio de 2018

jueves, 25 de octubre de 2018

Tensión

Fastidio,
es un fastidio vivir
condensa polvo y sufrir
masa e ingerir
deglutir
después, esparcir.

Todo queda regado
insipiente, desarreglado
el fin está dado.

Fastidio,
ya siento el fastidio
como un grito al oído.

Me tensa los hombros
me inspira a...
mejor me controlo
no quiero llegar al final
pues eso es complicado.

Corrompe, porque escucho
claramente...
la voz que en realidad
no se atreve
a aniquilar.

12 octubre 2018
9:33pm