sábado, 28 de enero de 2017

La metamorfosis, Franz Kafka

Comentarios desde un punto de vista social, psicológico y personal

Prólogo

En esta edición, el prólogo es una conferencia impartida en la UNAM, en 1979, por Milan Kundera, quien hace un análisis de las obras kafkianas en torno al totalitarismo. Pero no refiere sólo a los totalitarismos históricos, también habla (de manera muy sorprendente y novedosa para mí) del totalitarismo familiar y, más aún, habla del totalitarismo como algo inherente al hombre, un evento que se despliega directamente de nuestra condición humana, no como simple consecuencia de una u otra ideología. Kundera ve en la obra de Kafka, una escenificación del totalitarismo como tendencia humana. Al mismo tiempo, aplaude la forma en la que Kafka permaneció fiel a sus principios y a sus fantasmas:

Únicamente si una obra de arte permanece fiel a su especificidad, si rechaza todas las tentaciones de comprometerse, de servir, de subordinarse, de alinearse, únicamente si obedece a las obsesiones más secretas del poeta logrará descubrir lo que es ignoto, penetrar la vida, arrebatar al hombre. (P. XXII).


La novela

Esta es una novela muy corta, consta de tres capítulos y se desarrolla de manera rápida. Sin embargo, aún con su brevedad y aunque podría decirse que en la historia no pasa mucho. Kafka logra transmitirnos una perspectiva amplia de lo que somos los humanos.

A mí me impresionó de sobremanera la capacidad de la familia de Gregorio de ser malagradecida, poco correspondiente, desinteresada, así como me sorprende el desamor que todos le mostraron a la persona que los sostuvo económicamente sin pedir nada a cambio. Gregorio se dedicó a salvaguardar los intereses y la estabilidad de la familia entera, las circunstancias lo llevaron a volverse el proveedor. Su familia se componía de madre, padre, hermana y Gregorio. Ellos, explica el narrador al inicio, cayeron en ciertas dificultades que les llevaron a la necesidad  de tener una fuente extra de ingresos; Gregorio se encargó de esto e inicialmente la familia le agradecía entusiasmada por sus aportes, pero este apoyo se volvió rutinario y, aún más, obligatorio. Nadie, además de él, generaba ingresos. Su trabajo le exigía hacer viajes constantemente, por lo que se entiende que convivía poco con ellos y tenía muy poco tiempo para descansar en casa entre viaje y viaje.

Una mañana, la mañana de la metamorfosis, Gregorio despertó siendo una especie de escarabajo. Al percatarse de ello, su preocupación más fuerte no fue respecto a la locura que le estaba aconteciendo, sino que tenía que ver más bien con el retraso que esto le causaría en el trabajo. Mientras intentaba hacerse de su nuevo cuerpo, los pensamientos que rondaban su mente eran acerca de las consecuencias que esto le traería en su trabajo, el disgusto del jefe y del patrón, el enojo en su familia, la forma en que les estaba fallando y en la que los ponía en riesgo. Su culpa tenía alcances olímpicos, pues se sentía responsable de cualquier acontecimiento venidero. Temía y quería velar por su familia, pues él era el sostén de la misma.

La familia, aunque preocupada por él, se veía horrorizada por su nuevo estado. A lo largo de la obra jamás dejaron de tenerle  repulsión, aunque sí pudieron “acostumbrarse” a él. Desde el inicio sus padres se hicieron a un lado y dejaron a Gregorio al cuidado de la hermana, quien le proveía de alimentos y le aseaba el cuarto. Poco a poco, en ellos fue decreciendo la preocupación y el amor por este nuevo ser y acrecentaron su preocupación y enojo por sus nuevas circunstancias. Pues ahora no había quien los proveyera y tenían que hacerse cargo de ellos mismos. Esta fue su desgracia: hacerse cargo de ellos mismos. Este fue el motivo por el que Gregorio se volvió el culpable de todos sus males.

Hubo un par de eventos en la novela en que Gregorio, -movido por su curiosidad y su enorme anhelo de volver a sentirse humano y, más aun, un miembro de la familia- fue impertinente, provocando la rabia de todos, quienes poco después tomaron la decisión arbitraria (y con arbitraria me refiero a basada en sus prejuicios sobre la criatura) de deshacerse de Gregorio, aunque ya no le llamaban por su nombre, se limitaban a decirle “él”. Aquella noche en que más enfureció a la familia, Gregorio fue golpeado con rudeza, le lanzaron una manzana que quedó incrustada en su cuerpo durante más de un mes. Él aún entonces seguía sintiendo culpa por haber causado tanto alboroto. Paulatinamente fue dejando de comer y moviéndose más lento, en parte por las heridas y en parte por la inanición. Cuando escuchó lo terminante de la decisión: “Tenemos que deshacernos de él”, pronunciada por la única que algún día veló por su bienestar, su hermana, Gregorio coincidió con ellos: tenían que deshacerse de él. Así fue como, posiblemente siguiendo este último mandato, posiblemente atravesado por última vez por el deseo de otro, Gregorio dio su último aliento.

Después de este suceso, la familia sintió que le quitaron una carga de encima. Comenzaron a hacer planes sobre sus vidas. Es curioso cómo tuvo que morir el que era su proveedor para comenzar a sentir paz. Es curioso cómo, aunque nunca se encargaron realmente de él, Gregorio significó una carga para ellos. Parecía que esa especie de escarabajo que estaba encerrado en la habitación, el que no les impedía trabajar ni al que le dieron los mayores cuidados, era su barrera más importante y la causa más grande de sus desgracias.

Por la forma en que termina la novela, podría decir que la familia se sentía libre, no encadenada más. Pero eso pasa cuando muere un chivo expiatorio, ¿cuánto tiempo tomaría para que la familia se diera cuenta de que Gregorio no era realmente el problema? ¿Algún día se enfrentarían a sus propios monstruos o ellos encontrarían, tarde o temprano, otro escarabajo... o quizás otro proveedor?

Gregorio estaba tan absorbido por la ley que le fue instaurada, esa ley familiar y social que le dictaba todas aquellas cosas de las que era responsable y de las que sería culpable si algo salía mal. Parece ser que su metamorfosis es sólo la evidencia palpable del bicho en que se había convertido, tan terriblemente sumido en su desgracia y tan incapaz y vulnerable ante los pisotones, las patadas y las manzanas de aquel que se sienta lo suficientemente superior como para sacarlo de su camino. Él fue absorbido, habitado por parásitos y botado como deshecho cuando ya no hubo qué exprimir de él. Él fue un producto de la sociedad y la cultura del mercado, interesada sólo por el capital, usando a las personas como máquinas, que bien pueden clasificarse en dos términos: servibles e inservibles.

Creo que el análisis que hace Kundera sobre las obras kafkianas, es acertado. Pues el totalitarismo “se caracteriza por un partido y por una ideología única y por la total burocratización de la vida social (…), se caracteriza por la verificación del poder; la abolición de la frontera entre lo público y lo privado y por la culpabilización permanente del ciudadano.” (p. XVI). En un estado totalitario, aquel que ha sido marcado (con o sin motivos) como culpable, es completamente excluído. En La metamorfosis, Gregorio se convierte en paria por ser culpable, por descabellados que nos puedan parecer los motivos de su culpa, pues el control mental ha actuado sobre él y sobre quienes lo rodean. Es culpable, es excluido. Él cree en la veracidad de su culpa, incluso sin pruebas legítimas de ella. La ley del “debes servirme” le entró a Gregorio hasta el último rincón de su mente y de su alma, por eso, y si tenemos en cuenta que la metamorfosis es parte del desarrollo de muchos animales, podríamos decir que Gregorio evolucionó y se liberó de esta ley el día en que vivió su metamorfosis. Aún cuando la libertad le haya significado el desprecio de todos (hasta de él mismo) y su sucesiva muerte.

Referencia bibliográfica


Kafka, F. (1985). La metamorfosis, El proceso. México: Porrúa.

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