Comentarios desde un punto de vista social, psicológico y personal
Prólogo
En esta edición, el prólogo es una
conferencia impartida en la UNAM, en 1979, por Milan Kundera, quien hace un
análisis de las obras kafkianas en torno al totalitarismo. Pero no refiere sólo
a los totalitarismos históricos, también habla (de manera muy sorprendente y
novedosa para mí) del totalitarismo familiar y, más aún, habla del
totalitarismo como algo inherente al hombre, un evento que se despliega
directamente de nuestra condición humana, no como simple consecuencia de una u otra
ideología. Kundera ve en la obra de Kafka, una escenificación del totalitarismo
como tendencia humana. Al mismo tiempo, aplaude la forma en la que Kafka
permaneció fiel a sus principios y a sus fantasmas:
Únicamente si
una obra de arte permanece fiel a su especificidad, si rechaza todas las
tentaciones de comprometerse, de servir, de subordinarse, de alinearse,
únicamente si obedece a las obsesiones más secretas del poeta logrará descubrir
lo que es ignoto, penetrar la vida, arrebatar al hombre. (P. XXII).
La novela
Esta es una novela muy corta,
consta de tres capítulos y se desarrolla de manera rápida. Sin embargo, aún con
su brevedad y aunque podría decirse que en la historia no pasa mucho. Kafka logra transmitirnos una perspectiva amplia de
lo que somos los humanos.
A mí me impresionó de sobremanera
la capacidad de la familia de Gregorio de ser malagradecida, poco correspondiente,
desinteresada, así como me sorprende el desamor que todos le mostraron a la persona que los sostuvo económicamente sin pedir nada a cambio. Gregorio se dedicó a
salvaguardar los intereses y la estabilidad de la familia entera, las
circunstancias lo llevaron a volverse el proveedor. Su familia se componía de madre, padre, hermana y Gregorio. Ellos, explica el
narrador al inicio, cayeron en ciertas dificultades que les llevaron a la
necesidad de tener una fuente extra de
ingresos; Gregorio se encargó de esto e inicialmente la familia le agradecía
entusiasmada por sus aportes, pero este apoyo se volvió rutinario y, aún más,
obligatorio. Nadie, además de él, generaba ingresos. Su trabajo le exigía hacer
viajes constantemente, por lo que se entiende que convivía poco con ellos y tenía muy poco tiempo para descansar en casa entre viaje y viaje.
Una mañana, la mañana de la metamorfosis, Gregorio despertó siendo
una especie de escarabajo. Al percatarse de ello, su preocupación más fuerte no
fue respecto a la locura que le estaba aconteciendo, sino que tenía que ver más
bien con el retraso que esto le causaría en el trabajo. Mientras intentaba hacerse de su nuevo cuerpo, los
pensamientos que rondaban su mente eran acerca de las consecuencias que esto le
traería en su trabajo, el disgusto del jefe y del patrón, el enojo en su
familia, la forma en que les estaba fallando y en la que los ponía en riesgo.
Su culpa tenía alcances olímpicos, pues se sentía responsable de cualquier
acontecimiento venidero. Temía y quería velar por su familia, pues él era el
sostén de la misma.
La familia, aunque preocupada por
él, se veía horrorizada por su nuevo estado. A lo largo de la obra jamás
dejaron de tenerle repulsión, aunque sí
pudieron “acostumbrarse” a él. Desde el
inicio sus padres se hicieron a un lado y dejaron a Gregorio al cuidado de la
hermana, quien le proveía de alimentos y le aseaba el cuarto. Poco a poco, en ellos fue decreciendo la preocupación y el amor por este nuevo ser y
acrecentaron su preocupación y enojo por sus nuevas circunstancias. Pues ahora
no había quien los proveyera y tenían que hacerse cargo de ellos mismos. Esta
fue su desgracia: hacerse cargo de ellos mismos. Este fue el motivo por el que
Gregorio se volvió el culpable de todos sus males.
Hubo un par de eventos en la
novela en que Gregorio, -movido por su curiosidad y su enorme anhelo de volver
a sentirse humano y, más aun, un miembro de la familia- fue impertinente,
provocando la rabia de todos, quienes poco después tomaron la decisión
arbitraria (y con arbitraria me refiero a basada en sus prejuicios sobre la
criatura) de deshacerse de Gregorio, aunque ya no le llamaban por su nombre, se
limitaban a decirle “él”. Aquella noche en que más enfureció a la familia, Gregorio fue
golpeado con rudeza, le lanzaron una manzana que quedó incrustada en su cuerpo
durante más de un mes. Él aún entonces seguía sintiendo culpa por haber
causado tanto alboroto. Paulatinamente fue dejando de comer y moviéndose más
lento, en parte por las heridas y en parte por la inanición. Cuando escuchó lo
terminante de la decisión: “Tenemos que deshacernos de él”, pronunciada por la
única que algún día veló por su bienestar, su hermana, Gregorio coincidió con ellos: tenían que
deshacerse de él. Así fue como, posiblemente siguiendo este último mandato,
posiblemente atravesado por última vez por el deseo de otro, Gregorio dio su
último aliento.
Después de este suceso, la
familia sintió que le quitaron una carga de encima. Comenzaron a hacer planes
sobre sus vidas. Es curioso cómo tuvo que morir el que era su proveedor para
comenzar a sentir paz. Es curioso cómo, aunque nunca se encargaron realmente de
él, Gregorio significó una carga para ellos. Parecía que esa especie de
escarabajo que estaba encerrado en la habitación, el que no les impedía
trabajar ni al que le dieron los mayores cuidados, era su barrera más
importante y la causa más grande de sus desgracias.
Por la forma en que termina la
novela, podría decir que la familia se sentía libre, no encadenada más. Pero
eso pasa cuando muere un chivo expiatorio, ¿cuánto tiempo tomaría para que
la familia se diera cuenta de que Gregorio no era realmente el problema? ¿Algún
día se enfrentarían a sus propios monstruos o ellos encontrarían, tarde o
temprano, otro escarabajo... o quizás otro proveedor?
Gregorio estaba tan absorbido por
la ley que le fue instaurada, esa ley familiar y social que le
dictaba todas aquellas cosas de las que era responsable y de las que sería
culpable si algo salía mal. Parece ser que su metamorfosis es sólo la evidencia
palpable del bicho en que se había convertido, tan terriblemente sumido en su
desgracia y tan incapaz y vulnerable ante los pisotones, las patadas y las
manzanas de aquel que se sienta lo suficientemente superior como para sacarlo
de su camino. Él fue absorbido, habitado por parásitos y botado como deshecho
cuando ya no hubo qué exprimir de él. Él fue un producto de la sociedad y la
cultura del mercado, interesada sólo por el capital, usando a las personas como
máquinas, que bien pueden clasificarse en dos términos: servibles e
inservibles.
Creo que el análisis que hace Kundera
sobre las obras kafkianas, es acertado. Pues el totalitarismo “se caracteriza por
un partido y por una ideología única y por la total burocratización de la vida
social (…), se caracteriza por la verificación del poder; la abolición de la
frontera entre lo público y lo privado y por la culpabilización permanente del ciudadano.” (p. XVI). En un estado
totalitario, aquel que ha sido marcado (con o sin motivos) como culpable, es
completamente excluído. En La
metamorfosis, Gregorio se convierte en paria por ser culpable, por
descabellados que nos puedan parecer los motivos de su culpa, pues el control mental ha actuado sobre él y sobre quienes lo rodean. Es culpable, es excluido. Él
cree en la veracidad de su culpa, incluso sin pruebas legítimas de ella. La ley
del “debes servirme” le entró a Gregorio hasta el último rincón de su mente y
de su alma, por eso, y si tenemos en cuenta que la metamorfosis es parte del
desarrollo de muchos animales, podríamos decir que Gregorio evolucionó y se
liberó de esta ley el día en que vivió su metamorfosis. Aún cuando la libertad
le haya significado el desprecio de todos (hasta de él mismo) y su sucesiva muerte.
Referencia bibliográfica
Kafka, F. (1985). La metamorfosis, El proceso. México:
Porrúa.
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